4 de abril de 2010

Juventud Y Postmodernidad VI



LOS RETOS DE LA POSTMODERNIDAD III

LA NUEVA TOLERANCIA


I. INTRODUCCIÓN


La tolerancia es la tercera gran fuerza que moldea a la nueva generación de jóvenes en nuestros países de cultura occidental.


Josh McDowell en su libro The New Tolerance describe de una manera magistral la forma en que en los últimos años el concepto de tolerancia ha ido cambiando en nuestra sociedad. McDowell utiliza para ello dos términos. La nueva tolerancia en contraste con la tolerancia tradicional.


El diccionario describe la palabra tolerancia como “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. La idea que transmite esta definición es la necesidad de expresar respeto y buscar la protección de los legítimos derechos de otras personas. Incluso, con los de aquellos con los que no estamos de acuerdo.


Podemos creer que determinadas religiones son falsas y están equivocadas, no están en posesión de la verdad. Sin embargo, podemos defender el derecho de todo ser humano a la libertad religiosa. A creer conforme a su conciencia. Además, sostener este derecho para aquellos que creen de manera diferente a como nosotros creemos o concebimos la fe.


Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión, creencias y estilos de vida, siempre que estos se encuentren dentro de los límites que permiten las diferentes legislaciones. La tolerancia tradicional quedaría bien reflejada en la frase de aquel parlamentario que en respuesta al discurso de un contrincante político afirmó:


“Estoy en el más total y absoluto de los desacuerdos con usted y sus ideas. Ahora bien, daría mi vida para que usted pudiera expresarlas”.


La tolerancia tradicional siempre ha buscado y expresado una valoración del individuo, una aceptación y respeto hacia el mismo sin que ello implicara necesariamente una aprobación o participación de sus creencias y/o conductas.


II. LA NUEVA TOLERANCIA


La nueva tolerancia es la hija predilecta del relativismo que ha traído consigo la postmodernidad. La verdad es una construcción social relativa a la comunidad en que una persona participa.


Puesto que existen muchas comunidades humanas existen muchas verdades diferentes. Hay muchas percepciones diferentes e incluso contradictorias de la realidad, por tanto, ninguna de ellas puede ser verdadera en el sentido último del término.


La verdad es descrita por el lenguaje y todo lenguaje es creado y construido por los seres humanos, por lo tanto, y como conclusión lógica, toda la verdad es una construcción humana.


Los postmodernos afirman que ya que todos miramos con ojos diferentes y, no hay manera humana de afirmar que ni siquiera vemos los mismos colores, mucho menos la misma realidad, no puede existir algo como la verdad objetiva. Toda realidad es filtrada a través de los sentidos del individuo que transmiten todas las experiencias sensoriales de una forma subjetiva. Ni siquiera estar en el mismo lugar al mismo tiempo, observando el mismo evento nos garantiza una idéntica respuesta. Un ejemplo para ilustrar esta realidad serían dos personas observando un mismo juego de béisbol. Pensemos por un momento en que una de ellas es un auténtico experto. Por el contrario, la otra carece totalmente de conocimiento del juego y sus reglas. ¿No estarían experimentando la misma realidad de una forma diferente?


¿A qué conclusión lógica nos lleva todo esto? Muy sencilla, si toda verdad es creada por los seres humanos, y todos los seres humanos son iguales, entonces todas las verdades son iguales. El filósofo español Fernando Savater lo explica de la siguiente manera:


Todas las opiniones son iguales. Cada una tiene una contribución que llevar a cabo, todas deberían ser respetadas o alabadas. Esto implica que no existe una manera racional de discernir entre ellas.


En su libro antes citado, Josh McDowell hace referencia a la definición que de la nueva tolerancia hace el escritor T. A. Helmbock. Este pensador dice lo siguiente:


Todas las creencias, valores, estilos de vida y percepciones de la verdad de cualquier individuo son iguales. No hay jerarquía de verdades. Tus creencias y mis creencias son iguales y toda verdad relativa.


El escritor cristiano Josh McDowell hace el siguiente comentario a las palabras de Helmbok:


Todo el mundo tiene derecho a sus creencias. Además, todas las creencias son iguales. Todos los valores son iguales. Todas las verdades son iguales.


Ahora bien, para cualquier observador de la realidad es evidente que no todas las verdades, valores y creencias son iguales ni tienen el mismo valor. Mucho menos que merezcan el mismo respeto y consideración. ¿Pueden ser considerados al mismo nivel el racismo y la fe cristiana? ¿Podemos poner al mismo nivel a los que practican el terrorismo indiscriminado y a sus víctimas? ¿Son igualmente válidos los valores que sostiene la Madre Teresa de Calcuta y los que sostienen los grupos islámicos extremistas?

Nosotros podríamos afirmar sin ningún empacho que no. Sin embargo, otra de las características de la postmodernidad es sostener puntos de vista aparentemente contradictorios y no sentir la más mínima aprensión al respecto.


Vive y deja vivir es el lema de estos tiempos. Permite que cada persona tome sus propias decisiones con respecto a lo que es correcto e incorrecto.


Ahora bien, la nueva tolerancia va un paso más allá en sus pretensiones. No es suficiente con que cada persona tenga la libertad para tomar las decisiones que considere más adecuadas en cuestiones de moralidad, ética y conducta. No basta con tener la posibilidad de decidir por uno mismo acerca del bien y del mal. Los defensores de la nueva tolerancia exigen de los demás alabanza y el reconocimiento explícito de que sus creencias, valores y opciones son tan válidos como los nuestros.


Expresado con total y meridiana claridad y contundencia. Hoy en día para ser auténticamente tolerante –siempre de acuerdo con la nueva tolerancia- uno debe aprobar, apoyar y sinceramente refrendar las creencias, valores y estilos de vida de los demás. Este es el más paso más allá al que nos ha llevado la nueva tolerancia.`


Los grupos anti-gay también pueden reclamar sus propios mártires. En la pintoresca ciudad de Borgholm en la isla sueca de Oland, tan sólo una pequeña multitud estaba presente en julio del 2003 para oír al predicador pentecostal Ake Green compartir un sermón titulado: “Es genética la homosexualidad o, por el contrario, o una fuerza maligna que juega con la gente” Green denunció “anormalidades sexuales” tales como la homosexualidad y advirtió que Suecia “estaba enfrentando un desastre de grandes proporciones” por la el registro de parejas de hecho. Cuando publicó el texto en e periódico local, Got atrajo quizás un poco más de atención de la que él quisiera. Aludiendo a una ley que prohíbe las declaraciones ofensivas contra las minorías, una corte de distrito lo sentenció a un mes de prisión.


No solamente todas las verdades son válidas. También lo son todos los valores y todos los estilos de vida. Nadie puede ni siquiera osar emitir un juicio sobre la forma en que otras personas decidan vivir su vida. Contrariamente todo el mundo debería activamente apoyar las opciones vitales tomadas por otros.


Para el cristiano en general y la juventud en particular la nueva tolerancia plantea serios cuestionamientos. ¿Cómo puede un joven tomar decisiones morales si todas las opciones y posibilidades son igualmente válidas? ¿Cómo es posible discernir cuál puede ser la mejor opción, la más correcta desde el punto de visto moral y ético? ¿Cómo podemos hacer ningún tipo de juicio o valoración sobre las creencias, valores o estilos de vida de otras personas? ¿En base a qué? Si todas las opciones son igualmente válidas ¿Cómo vamos a evangelizar si la noción de pecado desaparece totalmente?


III. NUEVA TOLERANCIA E IDENTIDAD


El paso anteriormente descrito es muy importante y tiene tremendas implicaciones para el cristianismo y nuestra labor de cumplimiento de la Gran Comisión. Para poder comprender esta transición es necesario que entendamos cómo es percibida la cuestión de la identidad en la postmodernidad.


En la postmodernidad desaparece totalmente la diferencia entre lo que una persona es y aquello que la persona hace, cree o los valores que la misma sostiene en la vida. Consecuentemente, mi identidades inseparable de lo que hago, pienso y creo. Mi identidad personal está en completa simbiosis con mi cultura y mi conducta. La separación forma parte de la visión de la tolerancia tradicional. Las implicaciones que esto tiene son claras:


· Si juzgas mis creencias, valores o estilo de vida me estás juzgando a mí mismo.

· No hay diferencia posible entre lo que soy y aquello que pienso y hago.

· Si no puedes aceptar mi estilo de vida eres intolerante conmigo. La vieja afirmación de “odiar el pecado pero compadecer al pecador” es imposible. Odiar mi estilo de vida es odiarme a mí. Yo soy la manera en que vivo.


El político francés Edgard Pisan, mencionado por Josh McDowell, hace la siguiente afirmación:


La intolerancia… no es simplemente la falta de un sentido de solidaridad con otras personas: es el rechazo de otros por lo que son, por lo que hacen, por lo que piensan y, eventualmente, simplemente porque existen.


La implicación de las palabras de Pisan son muy evidentes. Eres intolerante si no me aceptas tal y como soy y no valores lo que hago.


La falsa premisa en la que se basa la nueva tolerancia es la siguiente: lo que hago representa lo que soy.

En función de esta premisa nosotros no podemos condenar la homosexualidad de una persona y al mismo tiempo mostrar amor y aceptación incondicional por la misma. Al emitir un juicio sobre su homosexualidad estamos lanzando un juicio sobre la misma esencia de la persona y, por tanto, condenándola.


Las personas postmodernas no distinguen, no pueden hacerlo por haber sido educadas bajo el paradigma de la nueva tolerancia, entre los juicios emitidos contra su conducta y los juicios emitidos hacia ellos como personas. Lo uno implica a sus ojos necesariamente lo otro. Aquí se produce uno de los grandes conflictos de comunicación entre las personas educadas bajo uno y otro paradigma. Mientras unos piensan que aman y aceptan incondicionalmente a los otros, a pesar de que puedan condenar sus conductas. Estos últimos reciben como una condena y una falta de amor y aceptación incondicional cualquier tipo de comentario, valoración o juicio sobre su estilo de vida. Es imposible la comunicación porque las mismas palabras están cargadas de un valor semántico totalmente diferente.


La tolerancia se convierte en la única virtud auténticamente universal. Consecuentemente es intolerante cualquiera que afirme o, tan siquiera pretenda, no el poseer una verdad universal y objetiva, sino incluso aquel que tenga la desfachatez de afirmar la existencia de algo así. No olvidemos que cualquier pretensión de objetividad, absolutismo o dogmatismo será considerada como intolerancia. Las palabras del profesor de filosofía Deslié Armour expresan con total claridad la importancia de la tolerancia como la virtud más elevada a la que se puede aspirar:


Nuestra idea es que ser un ciudadano virtuoso es ser alguien que lo tolera todo excepto la intolerancia.


No perdamos de vista que el afirmar tener la verdad absoluta o afirmar que otros pueden estar equivocados en sus creencias o estilos de vida es un síntoma evidente y agresivo de intolerancia.


¿Nos cuesta ver las implicaciones que eso tiene para la fe cristiana? Jesús afirmó ser el camino la verdad y la vida. Declaró que nadie podía acercarse al Padre si no era a través de Él. Jesús pretende ser el único que puede dar vida eterna y dice sin ambages que es Dios. La Palabra de Dios se declara competente para emitir juicios no únicamente sobre las conductas de las personas, sino también sobre las intenciones de sus corazones. El cristianismo es políticamente incorrecto y sus pretensiones dogmáticas de ser la única religión verdadera son totalmente intolerables y un signo rabioso, abierto, agresivo y violento de intolerancia hacia todos aquellos que no encajan en su estrecho molde.


McDowell en su libro acerca de la tolerancia menciona la experiencia sufrida por un estudiante de la Universidad de Stanford en California:


Recientemente, un decano de la Universidad de Stanford comenzó a presionar a los grupos cristianos evangélicos para que pararan su práctica de “hacer proselitismo entre los otros estudiantes”. Irónicamente, lo que enfadó al decano no fue el contenido del mensaje que estaba siendo compartido, sino la práctica de compartirlo en sí misma. El cree que con el simple hecho de aproximarse a alguien con el Evangelio, uno está implicando que las creencias de esa persona son inferiores a las propias. Tal implicación es inaceptable porque está llena de prejuicios e intolerancia.


McDowell indica que hay cuatro elementos en la misma esencia de la fe cristiana que la convierten en intolerante a los ojos de los defensores de la nueva tolerancia. En primer lugar la Palabra de Dios. Los cristianos creemos que la Biblia es la Palabra inspirada dada por Dios al ser humano. Creemos que en ella se encuentra claramente definida toda noción de lo correcto y lo incorrecto y, por tanto, los seres humanos pueden construir sus vidas y culturas sobre la misma.


En segundo lugar esta la persona de Jesús y la cruz de Cristo. Ya hemos hablado anteriormente sobre las declaraciones exclusivas y excluyentes de Jesús. La cruz es un signo de intolerancia porque abierta y claramente expresa y representa las afirmaciones contundentes del Maestro de Nazaret.


En tercer lugar está la doctrina del pecado. En la Biblia se especifican muchas conductas y actitudes de los seres humanos como pecaminosas y, por tanto, reprobables. Pero con los principios de la nueva tolerancia nadie puede emitir juicios morales sobre las conductas de otras personas sin ser considerado intolerante.


Finalmente nos encontramos con la misión de la Iglesia. La iglesia está llamada en la Gran Comisión a llevar el mensaje de salvación a todas las naciones. La labor de hacer discípulos es considerada como intolerancia por los practicantes y abogados de la nueva tolerancia. La premisa de que las personas deben ser cambiadas de su “errónea” manera de vivir es inaceptable.



IV. LAS CONSECUENCIAS DE LA NUEVA TOLERANCIA


A. La muerte de la verdad


La verdad con mayúsculas ya no existe. Como hemos dicho por activa y por pasiva la verdad es una construcción personal y social. No hay tal cosa como la verdad objetiva y, por tanto, esta no puede ser conocida.


B. La muerte de la moralidad


Del mismo modo que no hay absolutos en el terreno de la epistemología tampoco los hay en el terreno de la ética y la moral. Como la verdad, ambas cosas son meras construcciones culturales y sociales. Cada uno debe de tomar sus propias decisiones con relación a lo que es correcto o incorrecto.


C. La muerte de la justicia


El escritor Don Closson dice con relación a las implicaciones que la nueva tolerancia tiene para la justicia:


Mientras que los abogados de la nueva tolerancia pueden de manera ocasional hacer alguna mención a la justicia, ésta no puede ser la base o cimiento para su movimiento. Para que alguien pueda afirmar que ciertas acciones o palabras son injustas, debe asumir que un cierto orden moral –aparte de uno mismo- realmente existe. La injusticia implica la existencia de la justicia, justicia implica la existencia de leyes morales, y las leyes implican que un dador de las mismas existe.


Con el continuo crecimiento de la nueva tolerancia la idea de justicia se irá debilitando cada vez más hasta el punto que más y más los legisladores y los políticos tomarán sus decisiones en base a la presión de la opinión pública expresado por medio de encuestas de opinión y estudios sociológicos. Esto significará también el fin de todo tipo de ideología política. Lo importante no será hacer lo correcto, aunque esto sea impopular. Lo que contará será hacer aquello que requiere y pide la opinión pública, incluso si a los ojos del legislador o gobernante se trata de algo injusto o incorrecto.


D. La pérdida de las convicciones


Josh McDowell sabiamente indica que la pérdida de todo tipo de convicciones será otro de los resultados de la nueva tolerancia. Hemos de reconocer que va a ser más y más difícil para nuestros jóvenes el sostener ningún tipo de convicciones personales en un contexto en el que todas las creencias, valores y estilos de vidas son igualmente válidos. Precisamente una de las consecuencias de la tolerancia y el pluralismo es la pérdida de sentido de las diferentes opciones. Todas quedan relativizadas y diluidas.


E. La privatización de la experiencia religiosa


Las manifestaciones religiosas, especialmente las de tipo cristiano, serán consideradas más y más como muestras de intolerancia y, por tanto, existirá una presión cada vez mayor por parte de muchos grupos sociales, políticos e incluso religiosos de otro signo, para que toda manifestación pública de la fe cristiana sea mantenida estrictamente dentro de los límites de la esfera personal y privada de los individuos. La fe será desterrada de la arena pública e incluso los individuos que públicamente se identifiquen como cristianos pueden ver en peligro su progreso cultural, social y político. Esto último tiene todo el sentido si consideramos que el ser cristiano conllevará automáticamente el ser tildado de fundamentalista, intolerante y absolutista.


Por otra parte, muchos cristianos aprenderán a autocensurar su fe a fin de evitarse problemas en la vida pública. Las palabras de Pablo a Timoteo de que todo aquel que quiera vivir piadosamente habrá de sufrir persecución, parecen tomar una nueva y actual dimensión a la luz de la nueva tolerancia.


F. El peligro de la desaparición de los derechos humanos


Una de las expresiones de la nueva tolerancia es el multiculturalismo. El multiculturalismo vendría a ser a nivel social lo mismo que los diferentes estilos de vida a nivel individual. De la misma manera que en una sociedad existen muchos individuos diferentes y cada uno de ellos tiene derecho a su propio estilo de vida, también a nivel global existen muchas culturas diferentes que tienen todo el derecho a ser como son y a impedir el ser cambiadas desde el exterior.


Tiene todo el sentido del mundo ¿Qué derecho tienen una cultura a juzgar la forma en que otra ha decidido organizarse? Las implicaciones de esta afirmación pueden ser más peligrosas de lo que a primera vista uno puede suponer. De hecho, y como se menciona en el documento sobre el relativismo, muchos países no occidentales están cuestionando cada vez con más seriedad el concepto de los derechos humanos por considerarlo una construcción cultural occidental ajena a las tradiciones culturales propias.


El mundo occidental continúa insistiendo en que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha de ser un absoluto ético y moral para todo el planeta. Pero si hemos de ser sinceros dicha afirmación carece de cualquier tipo de fundamento lógico a luz de la nueva tolerancia.


G. El triunfo y la exaltación del sentimiento


La nueva tolerancia, con su nuevo énfasis en la identidad del ser humano que hemos visto anteriormente, abre un camino para el triunfo del sentimiento sobre la razón, otra, por cierto, de las características propias de la postmodernidad. ¿Cómo puede ser incorrecto lo que yo siento? Poner en duda mis sentimientos equivaldrá a poner en duda mi propia identidad al emitir juicios sobre los mismos, lo cual, como ya hemos vistos es una clara señal de intolerancia.


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. ¿En qué se diferencia la nueva tolerancia de la tolerancia tradicional?

2. ¿Por qué la nueva tolerancia es un serio reto para la pastoral juvenil?

3. ¿De qué forma la nueva tolerancia condiciona nuestro trabajo con los jóvenes? Por favor, sé práctico


3 de abril de 2010

Juventud Y Postmodernidad V



EL PLURALISMO


I. UNA SOCIEDAD PLURAL


Los padres de los adolescentes actuales fuimos educados en una sociedad en la que no existía una pluralidad de cosmovisiones o formas de ver la vida. La cultura judeocristiana era el eje alrededor del cual los valores públicos y privados se estructuraban. Bien es cierto que aquella sociedad estaba recibiendo los primeros y potentes embates del secularismo y estaba en camino de perder su monopolio, era no obstante la dominante y en ese contexto fuimos educados y crecimos.


Raramente entrábamos en contacto con personas que tuvieran una forma de vida o de entender ésta que fuera radicalmente diferente de la nuestra. Cierto que los católicos diferían de la manera evangélica de ver la fe, sin embargo, eran variaciones sobre una misma cosmovisión. Hoy en día, es mucho más evidente, que hay más similitudes en la forma de entender la vida de un católico que las que hay con una persona que no participa de los valores culturales del cristianismo.


Todo esto ha cambiado drásticamente con la llegada de la postmodernidad. El pluralismo, la variedad, la heterogeneidad, la distinción, la diferencia, son algunas de las divisas de los tiempos en que vivimos. Al contrario del tiempo que hemos descrito anteriormente, hoy en día, carecemos de un centro unificador y estructurador que de coherencia y sentido a la totalidad de la vida. A este respecto, Antonio Jimenez Ortiz en un artículo titulado Cómo comunicar la fe a la juventud actual escribía:


Los jóvenes padecen una aguda fragmentación interna, sin una columna vertebral que sostenga a la persona. La desestructuración interna genera inseguridad personal, y con frecuencia, una baja autoestima.”


La pluralidad nos deja a merced de la elección, de la necesidad de escoger los valores que creamos más adecuados y correctos para estructurar alrededor de ellos nuestra cosmovisión. Pero al encontrarnos en un contexto de pluralismo sociocultural, vemos que se presentan ante nosotros, múltiples sistemas de valores en abierta competencia por conseguir nuestra lealtad y compromiso.


El pensador cristiano Os Guiness afirma que el pluralismo lleva a una relativización de todas las opciones. Todo, afirma este escritor, acaba convirtiéndose en una cuestión de opciones o elecciones personales. Efectivamente, cuando múltiples visiones del mundo se enfrentan y reclaman nuestro afecto y atención, todas quedan relativizadas, y las personas ante tal avalancha de opciones empiezan a dudar y cuestionar el propio marco de referencia, su propia cosmovisión personal.


En este contexto de variedad y pluralismo la postmodernidad encuentra el terreno ideal para llevar a cabo su proceso de deconstrucción. La deconstrucción es la negación de la capacidad del ser humano para interpretar la realidad o hacer declaraciones de verdad desde un punto de vista objetivo. Si la realidad objetiva no existe, entonces todo queda relativizado, cualquier opción o cosmovisión es tan válida como cualquier otra, cualquier religión es válida como cualquier otra.


Estos conceptos de pensamiento pueden parecernos demasiado abstractos o simples divertimentos intelectuales, sin embargo, han llegado al hombre de la calle y forman parte de nuestra vida cotidiana y nuestra forma de pensar y afrontar la realidad. Hoy en día no hay nada incorrecto con ser cristiano, homosexual, budista, musulmán o practicar la quiromancia. Nada está bien o está mal, todo es cuestión de elecciones personales. La tolerancia nos lleva a afirmar que aunque nosotros nunca vayamos a practicar una determinada opción no vamos a negar que puede ser buena y válida para otras personas.


II. JÓVENES Y PLURALISMO


Este es el contexto, el caldo de cultivo cultural y social en el que los adolescentes del 2000 están creciendo, y nos guste o no, es el mismo en el que nuestros hijos se están formando. Por tanto, no debemos engañarnos, todo lo que aplica a los adolescentes de esta generación aplica a nuestros hijos, ellos no son diferentes, son hijos de su cultura y su tiempo.


Los jóvenes de nuestros días están acostumbrados y han mamado el pluralismo y la diversidad desde siempre. En sus escuelas cada vez es más normal la presencia de chicos y chicas de otras razas, culturas y religiones. Cuando llegan a la secundaria y aún más en la universidad, no es nada raro para ellos encontrarse con compañeros y compañeras que tiene valores y cosmovisiones de lo más variado y variopinto. Tener amigos homosexuales, budistas, que creen en las abducciones, que son ateos o que practican activamente la nueva era es algo asumido por nuestros hijos. Es cierto que muchos de ellos no practicarán el estilo de vida de sus amigos y compañeros, pero lo encuentran aceptable y válido para ellos y, por tanto, lo toleran y respetan.


Los medios de comunicación y la creciente importancia e influencia de Internet hace que nuestros hijos tengan una visión global, y decir global, significa decir plural, como nunca antes ninguna generación la tuvo. Los medios masivos de comunicación, de los que son ávidos consumidores, ponen a su disposición una multiplicidad de formas y maneras diferentes de vivir la vida. Las producciones que consumen no son mero entretenimiento, son transmisores de la amplia variedad de opciones vitales que nuestra sociedad brinda a sus miembros.


Desde pequeños están acostumbrados a ver con naturalidad parejas de hecho, monogamias sucesivas, parejas homosexuales, parejas monoparentales, madres que acuden a bancos de semen para poder tener hijos sin necesidad de tener que casarse o convivir en pareja, familias mezcladas –aquellas que se forman con hijos procedentes de matrimonios anteriores de los cónyuges, además de los propios-


Internet les permite acceso directo e inmediato a fuentes de información y a posibilidades de conocimiento que hace simplemente cinco o seis años eran un sueño para la mayoría de nosotros. Todo esto les permite vivir directa o vicariamente experiencias que antes estaban reservadas a los adultos o a los miembros de diferentes culturas o contextos sociales.


Nuestros hijos, crecen pues, en un ambiente en que se ven confrontados con una gran variedad de opciones definidoras de la realidad. Todas estas opciones compiten por su atención y lealtad. Entre todas estas opciones el cristianismo, nuestra fe, la fe de sus padres es simplemente para ellos una opción más en competencia con muchas otras opciones. Además, en este supermercado de cosmovisiones tan propio de la postmodernidad, el cristianismo no necesariamente es a sus ojos ni la mejor, ni la más novedosa, gratificante o atractiva de las opciones a las que dar su lealtad.


Creo que nuestra generación creció alrededor de una verdad única. Una verdad que podías aceptar o rechazar. A la que podías dar tu lealtad o negársela, pero al fin y al cabo era la VERDAD y como tal la reconocíamos. Contrariamente, nuestros hijos crecen alrededor de muchas verdades, todas con minúsculas, todas reclamando su atención y lealtad y compitiendo por ser las mejores, las más gratificantes y atractivas.


III. EL DESAFÍO DE LLEVAR LA FE A LOS JÓVENES


Todo lo anteriormente expuesto plantea un gran reto a los padres y educadores ¿Cómo podemos ayudar a nuestros adolescentes a entender y aceptar el cristianismo como la VERDAD única y definitiva? ¿Cómo podemos hacer creíble el evangelio entre tantas opciones que compiten por convertirse en la cosmovisión que domine sus vidas?


Hemos de notar que no estamos hablando de hacer el evangelio atractivo en el sentido estético, lúdico o políticamente correcto del término. Estamos planteando hacer el evangelio creíble y digno de convertirse en la estructura alrededor de la cual los chicos y las chicas pueden organizar su vida. Se trata, dicho en otras palabras, de ayudarles a ver y experimentar que entre todas las opciones sólo una relación personal con el Señor satisfacerá su necesidad de sentido, propósito y realización.


En el anterior párrafo hay dos palabras que han sido resaltadas: ver y experimentar. Nuestra generación es una generación predominantemente intelectual y racional. No debemos olvidar que hemos sido educados en la modernidad, bajo el imperio del intelecto y la razón. Nuestros hijos son fruto de la postmodernidad, y para ellos el sentimiento y la experiencia son los elementos dominantes. Para nosotros, la argumentación y el razonamiento son importantes a la hora de tomar compromisos. Para ellos, la experiencia y la evidencia son determinantes.


El autor Peter Berger, al hablar de la pluralidad que la sociedad postmoderna impone, indica que cada cosmovisión, es decir, cada forma de entender y explicar la vida, necesita y requiere de una base social para justificar su existencia continuada y real como cosmovisión. A esta base social, este autor la denomina, estructura de plausibilidad.


Vamos a tratar de explicar el párrafo anterior en términos más coloquiales y llanos. Hay muchas formas de ver la vida en competencia, todas clamando ser la verdad y pidiendo la fidelidad de la gente. Para que las personas puedan confiar en una de esas formas de ver la vida necesitan verla puesta en práctica y funcionando en un grupo humano. Cuando existe un grupo de gente que practica los valores de esa cosmovisión, los observadores ajenos a la misma pueden observar la coherencia o no de dicha forma de vida y pueden valorar la credibilidad o no de la misma. Eso es una estructura de plausibilidad, un grupo de gente que vive lo que predica.


Dennis Hollinger, un estudioso cristiano del tema, afirma que cuanto más coherente sea una estructura de plausibilidad más credibilidad tendrá la cosmovisión que este grupo represente. Dicho de nuevo en lenguaje coloquial, cuanto más coherente es la vivencia de un grupo más credibilidad tiene su forma de ver la vida. Cuando la cultura judeocristiana era la estructura básica que proporcionaba la cosmovisión de la mayoría de las personas en la sociedad, todo era más fácil. En estos momentos, al ser minoritaria y tener que vivir en abierta y despiadada competencia con otras cosmovisiones, la estructura de plausibilidad se hace más necesaria y su papel más vital.


Las implicaciones son claras de cara a un ministerio con jóvenes y adolescentes. Nuestros hijos necesitan no únicamente que les transmitamos la verdad, necesitan ver y experimentar esa verdad funcionando en una estructura de plausibilidad coherente y creíble. Hemos de asumir la realidad que para nuestros hijos el cristianismo ya no es la VERDAD, es una verdad más en competencia, y, por tanto, hemos de luchar por mostrarles que es la mejor opción alrededor de la cual pueden estructurar toda su vida, su presente y su futuro eterno.


Pero no olvidemos que esta generación no se mueve por razonamientos sino por experiencias. No basta explicarles la verdad, compartirla, trasmitirla, ellos deben ver la verdad actuando, encarnada y viviendo en un grupo humano. Sólo entonces esa verdad tendrá credibilidad para ellos.


PREGUNTAS PARA REFLEXIÓN:

1. ¿Cómo definirías con tus propias palabras el pluralismo?

2. ¿Por qué el pluralismo es un reto para la pastoral juvenil?

3. ¿De qué modo ha de condicionar el trabajo con los adolescentes?

4. ¿Por qué es tan importante que los adolescentes puedan tener estructuras de plausibilidad?

5. ¿Qué puedes hacer en tu situación de ministerio para desarrollar una buena estructura de plausibilidad para los adolescentes?

Juventud Y Postmodernidad IV



EL RELATIVISMO


I. DEFINICIÓN


La Enciclopedia Filosófica Garzanti define del siguiente modo el relativismo:


Término con el que se puede calificar toda concepción filosófica que no admita verdades absolutas en el campo del conocimiento o principios inmutables en el ámbito moral.


De esta definición se implica que existen dos ámbitos básicos en el que se desenvuelve el relativismo: el epistemológico o del conocimiento y el de la moral.


El diccionario, por su parte, define el relativismo con las siguientes palabras:


Una perspectiva que afirma que las verdades éticas dependen tan sólo de los individuos o grupos que las aceptan.


Dicho de una manera más simple: “Es bueno para ti pero no necesariamente para mí. Yo no negaré que lo sea para ti pero no trates de imponérmelo y obligarme a aceptarlo como bueno para mí”.


Como veremos más adelante al hablar de la tolerancia, el relativista ve la moralidad como algo totalmente abierto a la interpretación de cada individuo. Lo correcto o incorrecto en la visión del relativista está sujeto a cambio según las personas, o según las circunstancias dentro de una misma persona. El relativista, como ya se indicó anteriormente, puede sostener ideas contradictorias acerca de la moralidad y la ética y no considerar que su contradicción sea un disparate. Véase a modo de ejemplo la afirmación hecha por el antropólogo español Tomás Calvo Buezas:


Del integrismo de hace unas décadas pasamos hace unos años a un relativismo -inicialmente sano- que pareció instalarse en nosotros. Pero ahora se ha comprobado que es importante contar con algunos puntos de referencia y educar a los jóvenes en un sistema de valores. Esto no supone que haya una vuelta al pasado sino a unos valores que cada uno toma y selecciona a la carta, como si fuera un menú.


II. EL FIN DE LA VERDAD OBJETIVA


La modernidad pretendía que los seres humanos tenían a su alcance la habilidad para descubrir de forma racional la verdad y aplicar esas verdades a situaciones éticas y morales. Se partía de la base que el conocimiento podía tener las siguientes características:


· Ser cierto. Es decir, ser correcto y absoluto de forma esencial.

· Ser objetivo. Es decir, podía ser visto y analizado al margen de la personalidad.

· Ser bueno. Es decir, la ciencia y el conocimiento combinados tendrían un poder liberador y restaurador del ser humano.


La postmodernidad acabó con ese sueño. Afirma la imposibilidad de conocer cualquier verdad objetiva, ya que nosotros mismos, como observadores estamos viciados de subjetividad.


El siguiente cuadro comparativo puede ayudarnos a entenderlo de forma más clara

Verdad objetiva

Verdad relativa

Se acepta que existe una realidad independiente del observador; la verdad consiste en la representación fiel de tal realidad.

El relativismo acepta que existen realidades diferentes socialmente construidas; la verdad es una realidad construida de forma consensuada.

El objetivismo asume que se puede conocer la realidad con independencia del observador. La adecuada realización de la observación es una garantía para alcanza el conocimiento objetivo.

El relativismo plantea que el resultado de la investigación no es sino una creación debida a la relación entre el observador y la realidad observada.

El control, la manipulación de las variables y la medición, constituyen las garantías para una investigación científica.

La interpretación personal sitúa al observador como principal instrumento en la comprensión de la realidad estudiada.


Como se puede apreciar, ambas posturas salen de puntos de partida totalmente diferente e irreconciliables: si la realidad exterior puede ser conocida tal como es, en su estricta objetividad, merced a la razón aplicada a las cualidades del rigor metodológico, o si, por el contrario, “las cosas” no existen como tales sino como son percibidas por el hombre a través del filtro de sus sentidos, aspecto éste en que el propio ser humano llega a construir la realidad en continua interacción con otros seres humanos.


Toda “realidad” es meramente una construcción cultural y social. Aunque teóricamente el postmoderno pueda aceptar la existencia de la verdad absoluta, en la práctica no acepta que nadie pueda encontrarla y tener una mínima comprensión de la misma. Las implicaciones de estas afirmaciones son claras:


· Como mucho podemos aspirar a conocer partes de la realidad.

· Como mucho, nuestras creencias deberían ser consideradas en un estado de precariedad, ya que son únicamente teorías temporales.

· Todas las afirmaciones son hechas en base a la fe. Por tanto, ninguna afirmación puede tener una prioridad, precedencia o superioridad sobre otra.

· Cualquier afirmación de poseer la verdad con mayúscula es totalmente ridícula.

· Quien intente imponer sus puntos de vista sobre otro es un ser despreciable.

· La tolerancia, como veremos más adelante, se convierte en la principal virtud social.


El descubrimiento de la Teoría de la Relatividad ha creado un montón de problemas para toda la física basada en las premisas de Newton y en la creencia de la existencia de una teoría que pudiera explicar absolutamente todo. La física cuántica se mueve en el terreno de las contradicciones, donde la luz puede ser descrita como ondas o partículas en función de cómo sea observada, lo cual, es una total y absoluta contradicción. Sin embargo, ha destruido los cimientos del pensamiento cartesiano.


Según el escritor Codrington hay tres grandes componentes dirigiendo el gran cambio de la modernidad a la postmodernidad:


· La ruptura de las creencias y la pérdida de un consenso universal acerca de lo que es verdadero y lo que no lo es.

· El nacimiento de una cultura global. Conforme las cosmovisiones son más conscientes de la existencia de otras cosmovisiones se produce la negativa, no sólo a aceptar ninguna de ellas como absolutamente verdadera, sino incluso la posibilidad de encontrar un método o forma de decidir entre los valores relativos de los diferentes sistemas.

· Una creciente polarización entre las partes con relación a diferentes temas morales, filosóficos, educativos y culturales.


III. LA DESAPARICIÓN DEL CONSENSO CULTURAL


No hace demasiado tiempo la mayoría de las personas en los países de cultura occidental sabían con total y meridiana claridad qué era correcto y qué era incorrecto. Ambas cosas estaban muy bien delimitadas y su conocimiento al alcance de cualquiera. Eso no significaba que todo el mundo siguiera lo correcto ¡Naturalmente que no! Siempre ha habido personas que han decidido vivir al margen de la legalidad y la moralidad. Pero estas personas sabían perfectamente de qué lado vivían.


La sociedad reconocía que existían unos valores morales absolutos por los cuales se regía. Esto era posible porque existía un consenso cultural acerca de esos valores. Dicho consenso era provisto por la fe cristiana que convertía la moralidad pública y privada en una única cosa. Durante siglos, en occidente, el cristianismo proporcionó los valores sobre los que se edificó la sociedad.


Sin embargo, eso ya no es cierto. El consenso cultural que el cristianismo proporcionaba ya no funciona. Los valores de la cultura judeocristiana ya no son los que fundamentan nuestra sociedad. Es cierto que esto se da con mayor intensidad en algunas culturas que en otras. Es cierto que la ruptura de ese consenso es más fuerte en Europa Occidental y Estados Unidos que en otros países. Sin embargo, parece ser un fenómeno irreversible en toda la cultura occidental.


Al respecto y de manera profética Francis Schaeffer, el gran filósofo cristiano, en fecha tan temprana como el año 1984 escribió lo siguiente en su libro El gran desastre evangélico:


No existe una edad de oro en el pasado que podamos idealizar –Ya sea en los años tempranos de los Estados Unidos, la Reforma o la iglesia primitiva. Pero hasta hace muy pocas décadas existía algo que correctamente podía ser denominado un consenso cristiano que dio de un modo definitivo una forma distintiva a la sociedad occidental y a los Estados Unidos. Ahora, ese consenso se fue para siempre y las libertades que trajo se destruyen ante nuestros ojos. Estamos en un tiempo en el que el humanismo está llegando a su conclusión natural en moralidad, valores y legislación. Lo único que la sociedad tiene hoy en día son valores relativos basados en resultados estadísticos, o la decisión arbitraria de aquellos que tienen el poder político o legal.


¿Cuál es el resultado del rompimiento de dicho consenso? Relativismo. Un relativismo que entre formas se expresa de la siguiente manera:


  • La experiencia es la medida última de todo significado.
  • Lo correcto y lo correcto es diferente y arbitrario para cada persona.
  • La moralidad y la ética son una cuestión de gustos personales y preferencias individuales.
  • No hay manera objetiva de decidir lo que es correcto e incorrecto. Dos personas pueden definirlo de forma, no sólo diferente, sino incluso contradictoria y ambos ¡Tener razón!
  • Naturalmente, ninguna opción es mejor o más válida que otra.


IV. EL RELATIVISMO CULTURAL


¿Bajo que bases se puede culpar a los talibanes por la forma en que trataban a las mujeres en Afganistán? ¿Quién puede afirmar que la práctica de la oblación –mutilación del clítoris llevada a cabo entre las niñas de muchos países de religión musulmana- sea ago incorrecto?


El relativismo cultural afirma que una cultura o sociedad define lo que es correcto o incorrecto para las personas que forman parte de la misma. Dicho de una manera llana, la moralidad es una construcción social llevada a cabo por los miembros de un determinado grupo social. Consecuentemente sólo obliga a los que voluntariamente forman parte del mismo.


Parece coherente ¿verdad? Un grupo o cultura se pone de acuerdo acerca de lo que sus miembros consideren correcto e incorrecto y definen sus propios límites. Al ser algo dado por los mismos miembros, estos límites pueden ser cambiados cuando el interés general o simplemente la mayoría así lo determinen.

Naturalmente un grupo diferente no tiene porque aceptar ni considerar válidos los criterios y los límites de otro grupo. Así, en el año 1994 se celebró una conferencia mundial sobre los derechos humanos. La conferencia estaba patrocinada por las Naciones Unidas. Varios países asiáticos, entre ellos China, protestaron por las presiones recibidas de los países occidentales para que se respetaran los derechos humanos en aquellos países. Su argumentación fue la siguiente: “Los derechos humanos son un concepto occidental. En oriente las cosas se entienden de una forma diferente. ¿Qué derecho tienen los países occidentales a decirnos cómo hemos de organizar nuestras sociedades?” el razonamiento de estos países es impecable y demuestra los límites del relativismo cultural: los valores tan sólo son válidos para los grupos que los aceptan, pero carecen de fuerza moral para aquellos que los rechacen por la razón que sea.


Si no hay verdades absolutas. Si la moralidad es algo que un grupo humano se otorga a sí mismo, entonces no existe ninguna base lógica ni racional por la cual un grupo pueda emitir un juicio sobre los valores de otro colectivo humano simplemente porque son contrarios, diferentes o injustos desde su perspectiva.


Vistas así las cosas no hay base humana racional para hacer un juicio negativo de los talibanes o sobre la oblación ¿Quiénes somos nosotros –gente externa y ajena a su cultura- para poder emitir juicios? A este respecto, Josh McDowell en su libro The New Tolerance menciona la increíble contradicción que tuvo que asumir una escritora feminista, atrapada entre su feminismo y su relativismo, al tener que hacer una valoración de la ya mencionada práctica de la oblación. He aquí el resultado:


¿Cómo puedo yo argumentar contra una cultura que ni siquiera he tratado de entender? ¿Es relevante que yo, que soy una extraña, pueda encontrar dicha práctica cruel? A pesar de lo duro que me resulta admitirlo, la respuesta es no.


Naturalmente sobran todos los comentarios.


Concluimos el apartado del relativismo cultural con una frase del escritor y pensador cristiano Gene Edward quien al referirse a un hipotético enfrentamiento entre los valores opuestos de dos grupos diferentes escribe lo siguiente:


La sociedad no está sujeta a la ley moral, construye la ley moral. Si no hay absolutos, la sociedad presumiblemente puede construir cualquier valor que quiera y ella misma no estar sujeta a ninguno. Todos los temas son tan sólo una cuestión de poder. Sin absolutos morales el poder se convierte en arbitrario. Puesto que no existe una base para la persuasión moral o la argumentación racional, el bando con más fuerza o poder gana.


La fuerza se convierte en el único remedio para resolver los conflictos entre los valores sostenidos por grupos diferentes cuando estos valores son enfrentados o contradictorios. La fuerza hace que el ganador esté en lo correcto y el perdedor en lo incorrecto. Se convierte pues en una auténtica ley de la selva. Un imperio del más fuerte.


En su libro Time for Truth, Oss Guinness desarrollo esta misma argumentación. A primera vista, añade Guinness, la postmodernidad nos ofrece un mundo de total libertad al acabar con todos los absolutos. Sin embargo, hay un pequeño inconveniente. Si la verdad ha muerto, ni lo correcto ni lo incorrecto significan absolutamente nada, y lo único que nos queda es la voluntad de obtener el poder, entonces, en opinión de este autor, la conclusión es muy simple: El poder hace que las cosas sean correctas.


Cuando todo queda reducido a una voluntad de obtener el poder, manipulación es el nombre del juego y la victoria la consigue el más poderoso y fuerte. Guinness, en su libro incluye la siguiente y significativa frase de Cornelius Vanderbilt al respecto:


¡La ley! ¿Qué me importa la ley? ¿Significa algo si tengo el poder?


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

1. ¿De qué forma el relativismo afecta a la manera en que nuestros jóvenes piensan y viven?

2. ¿Cómo el relativismo afecta al concepto de bien y mal?

3. ¿Cómo el relativismo afecta al concepto de pecado?

4. Si lo bueno y lo malo depende de la persona y el momento ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a tomar decisiones morales? ¿Cómo podemos ayudarles a entender el concepto de pecado?

5. En tu opinión ¿Qué dificultades y/o retos plantea el relativismo a la pastoral juvenil? ¿Qué puede hacerse para contrarrestarlos?

Juventud Y Postmodernidad III



PERFIL DE MARIANO ZAPATERO, UN JOVEN POSTMODERNO


Mariano Zapatero tiene 18 años y está estudiando secundaria. Ha nacido en una familia evangélica y desde su más tierna infancia acude a la iglesia junto con sus padres. También asiste a las actividades del grupo de jóvenes. Su situación está a medio camino entre la integración y la marcha. No es uno de los jóvenes más fieles del grupo pero va asistiendo.


Mariano podría dar las respuestas correctas a las preguntas con relación a la fe y la experiencia cristiana. Sin embargo, su conocimiento es bastante teórico. La iglesia le aburre y no le dice gran cosa. No tiene una actitud negativa hacia Dios, pero lo percibe como una realidad bastante lejana y distante de su situación cotidiana. Los cultos se le hacen largos y pesados. Uno sabe con bastante exactitud lo que va a suceder cada domingo.


A veces, por las noches, en la quietud de su cuarto piensa en Dios. Le gustaría experimentar a Dios. Siempre ha oído que Jesús es un amigo que está cerca de ti y nunca te deja. Sin embargo, nunca ha experimentado a Dios en su vida. ¿Por qué Dios se esconde? ¿Por qué es tan difícil conocerlo? Tiene un temor hacia el Señor, temor que le viene de su educación familiar y vinculación con la iglesia. Varias veces le ha pedido a Dios que sea su amigo. Pero para ser honestos, no ha visto ningún cambio significativo en su vida.


Los adultos de la iglesia no han ayudado demasiado a hacer a Dios una realidad cercana en su vida. Algunos domingos, mientras el pastor predica, su mente vaga y piensa en la gente de su congregación. Le cuesta ver una diferencia entre ellos y el resto de la gente. En su opinión, son igual que el resto. La única diferencia significativa es que los domingos no van al campo o a la playa.


Sabe que la Biblia es la Palabra de Dios, pero le cuesta un montón leerla. A veces lo ha intentado, pero no la entiende y no sabe cómo relacionarla con sus necesidades y las situaciones que vive en la vida cotidiana.


Le gusta pasar tiempo en Internet. De hecho, es un auténtico experto. Encuentra fabulosas las oportunidades que este medio le brinda. “Chatea” con gente de medio mundo gracias a sus conocimientos del inglés. Sus padres no siempre están en casa debido al trabajo, por consiguiente, tiene una gran libertad de acción y puede pasar si quiere un par de horas diarias conectado y navegando por la red.


Ha visitado en varias ocasiones páginas pornográficas. Está asombrado de la cantidad de situaciones sexuales que existen y que desconocía. En ocasiones, al visitar algunos sitios con contenido sexual explícito se ha sentido asqueado de las perversiones que se pueden encontrar en la red. Sin embargo, el morbo, la tentación y las hormonas hacen que una y otra vez vuelva a esas páginas. Ha visto tanto y en tan poco tiempo que se considera a sí mismo con bastante experiencia en el campo de la conducta sexual. Por cierto, está muy enfadado por el cierre de Napster. Se ha consolado encontrando otras varías páginas donde puede descargar archivos musicales. Buena parte de su tiempo se envierte en Facebook y twitter.


Los vídeojuegos y la televisión son también grandes pasiones para Zapatero. La supervisión paterna no siempre es la más adecuada. De hecho, en casa, puede ver casi todo, a excepción, eso sí, de películas con contenido sexual explícito. Pero bueno, para eso tiene Internet. Le gustan las películas de acción, cuanto más violentas mejor. En ocasiones, sus padres se alarman por la crudeza de las imágenes de algunas películas. Pero su horror dura poco y nunca ha pasado de la indignación momentánea. Cuando sus padres le llaman la atención por la crudeza y violencia de las películas, Mariano siempre piensa en cómo reaccionarían si vieran algunos de los videojuegos violentos que tiene en la computadora.


Sus series y dibujos animados favoritos son producidos en América del Norte, pero también le gustan algunas creaciones japonesas manga. La mayoría de su música –a excepción de algunos grupos locales- está en inglés. No la entiende en su mayor parte pero le gusta como suena. Mariano se sorprendería de cuán similar es y cuantas cosas tiene en común con jóvenes de otros países y continentes. Aunque a través del “chat” ya empieza a ser bastante consciente de ello.


Sus mejores amigos están en la escuela secundaria donde asiste. Alex, cuyos padres están divorciados. Raquel, que vive sola con su madre desde que ésta se separó. Carlos, que vive con dos hermanastros con quienes se lleva fatal. Su padre se volvió a casar tras el divorcio y le trajo a casa el regalo de sus dos hermanastros. Joaquín, con quien a veces Zapatero comenta en plan de broma que ellos dos son los únicos que tienen una familia normal. Por último está Juana, que sorprendió a todos el pasado verano declarándose abiertamente lesbiana y enamorada de una compañera de la escuela.


La declaración de Juana abrió un gran debate en el seno del grupo de amigos. Muchos no están de acuerdo y consideran que los muchachos han de tener relaciones sexuales con las muchachas. Otros, consideran que cada uno ha de hacer lo que el cuerpo le pide. La mayoría consideran que es una opción personal que cada cual ha de tomar. Mariano, por ejemplo, nunca optaría por un estilo de vida homosexual pero respeta y considera que es una decisión que incumbe tan sólo a Juana. Los padres de Mariano no pueden entender esa actitud. En una conversación de sobremesa le explicaran claramente a Mariano lo que la Biblia decía al respecto y como Dios condenaba la conducta homosexual. Aquello no pareció afectar demasiado a nuestro amigo. Insistió una y otra vez que él lo tenía muy claro y pensaba seguir lo que la Biblia enseñaba, pero ¿Cómo podía juzgar la decisión de Juana? Ella no hacía daño a nadie y era una decisión personal en la que nadie podía meterse.


El padre de Zapatero insistió en que la Biblia afirma que la homosexualidad es pecado y, por tanto, lo es para todo el mundo. La Palabra de Dios es la norma de moral que Dios ha dado a la humanidad. Es clara y tajante al enseñarnos lo que es bueno y es malo.


Mariano no puede entender como su padre es tan cerrado y poco tolerante con sus amigos. Cada uno ha de ser coherente con lo que piensa y no preocuparse por lo que los demás creen. Lo cierto es que todo esto le crea a Mariano bastante confusión. Cuando sus amigos le preguntan por qué deja de hacer ciertas cosas o hace ciertas otras, no tiene una argumentación muy clara que presentarles.


De hecho, todavía le da vueltas una y otra vez en su cabeza la pregunta de Joaquín acerca de por qué el cristianismo es la única religión verdadera y todos los demás están equivocados. Su amigo considera que es muy bestia el hacer una afirmación de ese tipo. Joaquín no entiende cómo Mariano puede ser tan tajante y con una sola frase dejar fuera de juego a millones y millones de personas que creen de forma diferente y se esfuerzan por vivir de forma honesta su fe. El propio Joaquín procede de una familia católica, aunque no excesivamente practicante, y considera, por tanto, ofensivas hacia sus padres las pretensiones de Mariano de que sólo los evangélicos poseen la verdad.


La última preocupación de Zapatero tiene que ver con las relaciones sexuales. Los amigos discutieron acerca de tener relaciones, no sólo antes de estar casados, sino incluso con un muchacho o muchacha con quien no tienes ningún compromiso pero los dos están de acuerdo. Aquel día Mariano estuvo especialmente callado. La razón, no sabía que decir ni cómo argumentar. Estaba muy confundido y no podía ver con claridad cuál y por qué era la postura cristiana.


Zapatero no tiene héroes. Las personas que él y sus amigos admiran son gente popular del mundo del deporte, la música y el espectáculo. Sin embargo, no son auténticos héroes. Más bien, muchos de ellos son antihéroes ya que sus vidas dejan mucho que desear desde el punto de vista ético y moral. Incluso, en algunos casos, su inmoralidad añade más morbo a su personalidad. No hay en la iglesia nadie que realmente desafíe su vida y sea un buen modelo a imitar. Jorge, el líder de jóvenes, podría serlo. El pobre, sin embargo, está demasiado ocupado y lleno siempre de actividades.