14 de febrero de 2012

UNA ANTROPOLOGÍA PARA EL MINISTERIO JUVENIL



Nunca hemos tenido tantos recursos, tanto talleres, convenciones y actividades de formación para los líderes juveniles. Nunca se habían publicado tantos libros sobre la materia y se ha generado tanta actividad formativa. Sin embargo, el ministerio juvenil fracasará si no provee a los jóvenes con una sana antropología basada en la imitación de Jesús y, hoy por hoy, todo lo anteriormente señalado no lo garantiza.


¿CUÁL ES EL PROPÓSITO, LA RAZÓN DE SER, DEL MINISTERIO JUVENIL?

Es crucial responder a esta pregunta puesto que, si bien es cierto que el fin no justifica los medios, no es menos cierto, que el fin siempre, siempre los determina. Lo que queramos lograr determinará cómo lo lograremos. Lo que queremos lograr nos ayudará a discernir y valorar si estamos usando los medios adecuados o no. Finalmente, lo que queremos lograr nos permitirá saber, por medio de la evaluación, cuán cerca estamos de haberlo conseguido.

Desgraciadamente, mucho del ministerio juvenil en nuestros países carece totalmente de un objetivo último, de un propósito, de una razón de ser que oriente todo el esfuerzo ministerial. En los casos en los que este propósito existe, sin embargo, está desenfocado, centrado alrededor de la conservación de los jóvenes dentro de las estructuras eclesiales y el mantenimiento y entretenimiento de los mismos. Cuando esto sucede, lamentablemente, el ministerio juvenil se convierte en un fin en sí mismo en vez de ser un medio para la consecución de un fin último.

Mi tesis es que el propósito último del ministerio o pastoral juvenil es doble, por un lado, que en cada joven sea formado el hombre nuevo –antropología- Por otro, que los jóvenes colaboren con Jesús en el proceso de restaurar el universo –misiología-. En este artículo trataré la primera de las vertientes, la antropológica. En un siguiente artículo hablaré, Dios mediante, de la misión.

Consecuentemente, si nuestros recursos, libros, materiales, conferencias, actividades de formación y seminarios no contribuyen a desarrollar líderes que ayuden a los jóvenes en esta dirección, están herrando el blanco y no están contribuyendo a que el ministerio juvenil cumpla su objetivo.


UN PROYECTO FALLIDO DE HUMANIDAD

Empecemos con la antropología. Nosotros somos un proyecto fallido, fracasado de humanidad. No somos el ser humano que Dios tuvo en mente y que creó. No somos aquel hombre y mujer que el Señor, cuando los miró, los declaró y decretó como muy buenos. Nada más lejos de la realidad. Nosotros no somos lo que Dios había planeado, somos simplemente el producto de nuestro pecado, de nuestra caída de nuestra abierta rebelión y declaración de independencia con respecto a Dios (véase con estos ojos Génesis 3)

No somos lo que debíamos ser. Somos un aborto, un fracaso, un sueño inviable. En este sentido podemos afirmar que somos infrahumanos, estamos muy por debajo del tipo de humanidad para el que habíamos sido pensados, soñados por Dios. Pensémoslo bien. Todos nosotros nos escandalizamos cuando vemos a otros seres humanos compartándose como animales. Nos sentimos avergonzados y horrorizados cuando observamos que una persona puede llegar a extremos de maldad que, ni siquiera, en los animales se da. La inhumanidad del ser humano se manifiesta por doquier a nuestro alrededor.

Pero esa vertiente “animal” o infrahumana la podemos observar, siempre que seamos honestos, en nosotros mismos. Todos tenemos un cierto grado de la misma latente en nosotros y siempre presta manifestarse.

Mi punto es que nuestra rebelión contra Dios, es decir, nuestro pecado, nos hizo menos humanos de lo que deberíamos haber sido. Hizo, lo afirmo de nuevo, inviable ese proyecto de humanidad que el Señor tenía en mente desde antes que el tiempo viniera a existir. Eso me ayuda a entender la realidad de mis experiencia humana, una experiencia rota, contradictoria, dolorosa, incomprensible, esquizofrénica.


JESÚS EL PROTOTIPO DE UNA NUEVA HUMANIDAD

El pecado hizo inviable el proyecto de humanidad pensado por Dios. Por eso, el mismo Dios debe introducirse en la historia humana para promover un nuevo proyecto de ser humano, un hombre nuevo, y lo hace por medio de Jesús, el Dios hecho hombre.

La encarnación es la irrupción de Dios en la historia humana. Juan 1:14 nos dice que literalmente se mudo a vivir a nuestro bloque de apartamentos. Se hizo como uno de nosotros en medio de nosotros. Filipenses 2 amplia y nos da más perspectiva de la misma realidad.

No es de extrañar que en Romanos 5 Jesús sea llamado el nuevo Adán. Allí donde el primer Adán fracasó, porque desobedeció, Jesús con su obediencia hasta la muerte en la cruz se convierte en el prototipo, el primero de una nueva creación. Jesús es el hombre nuevo, fruto de su obediencia y sometimiento a la voluntad del Señor. Es como los seres humanos hubieran debido ser.

Cuando miramos a Jesús dos sentimientos contradictorios vienen a nuestra mente. Por un lado, tristeza, porque al observarlo vemos todo lo que nosotros hubiéramos podido llegar a ser si el pecado no lo hubiera abortado y hecho inviable.

Por otro lado, esperanza. Porque al mirar a Jesús, el hombre nuevo, vemos todo lo que podemos llegar a ser cuando nos convertimos en seguidores suyos y dejamos que Él nos vaya modelando a su propia imagen y semejanza.

Por eso, cuando seguimos a Jesús comenzamos el proceso de volvernos auténticamente humanos. Nos adentramos en la senda de ser aquello que hubiéramos debido ser y nunca fuimos. Seguir a Jesús es recobrar nuestra humanidad perdida, robada por el pecado. Cuanto más imito a Jesús más humano me vuelvo, más recobro mi humanidad y más pierdo mi “animalidad”.


MINISTERIO JUVENIL: COLABORANDO A QUE CRISTO SEA FORMADO EN LA VIDA DE LOS JÓVENES.

El ministerio juvenil debe contribuir a que Jesús sea formado en la vida de los jóvenes. Debe colaborar para que estos sean más y más como el Maestro. Debe trabajar para que los muchachos y muchachas recobren su humanidad, lleguen a ser lo que Dios tuvo en mente para ellos y el pecado imposibilitó.

Efesios 4:11-13 enfatiza esta idea. Nos habla de un varón perfecto. Un hombre, una mujer, que serán similares a Jesús. Gálatas 4:19 nos narra el esfuerzo del apóstol para que Jesús sea formado en la vida de los cristianos de Galacia. El apóstol en Colosenses 1:28-29 expresa ese mismo deseo para los seguidores de Jesús en la zona de Colosas. En Romanos 8:28-30 Pablo afirma que Dios nos destinó para que fuésemos como Jesús, para que Él sea nuestro hermano mayor.

Son innumerables las citas bíblicas enfatizando una y otra vez la idea y la necesidad de ser como Jesús. Sólo quiero añadir las palabras dichas por Juan en su primera carta, Pues quien se precia de vivir unido a Él, lógico es que viva como vivió Jesús. (2:6)

La pastoral juvenil fracasará si no está alimentada por una buena y sana antropología bíblica. No cumplirá su misión y propósito si no contribuye a que el hombre nuevo –a imitación de Jesús- sea formado en la vida de esos muchachos y muchachas.

Y ser como Jesús es algo muy, pero que muy práctico. Significa ver el mundo como lo ve Él, tener compasión por los necesitados, acoger a los marginados y gente de mala reputación, amar incondicionalmente, sentir una ira santa ante la injusticia, el pecado, el abuso y la explotación. Significa ser perdonador, pacificador, lleno de gracia y aceptación para todos sin exclusión. Todo lo anterior, entre otras muchas cosas.

Si el ministerio juvenil no contribuye a desarrollar este tipo de hombre nuevo, entonces, tal vez no sirva para nada, tal vez.

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